Sentado en el balcón de uno de los hoteles en Ixtapa más lindos que hay, observo a una pareja que camina a la luz de la luna en la orilla del mar. Él le toma la mano como si la guiara a un futuro promisorio, ella se recuesta sobre su hombro y le da un beso en la mejilla en nombre del infinito amor que siente por él. Camina lentamente, dejando tras de ellos un camino de huellas que no durará para siempre, pues serán borradas por la marea, que mientras más sube, provoca que las olas se encarguen de eliminar cualquier recuerdo de que la hermosa pareja pasó por ahí, para darle paso a una nueva que decida caminar entre la arena y el mar.

Así sucede con el ser humano, quien puede amar con tal fuerza que deja huella por donde pasa, pensando que esos recuerdos son tan fuertes que vivirán hasta cuando ya no esté con esa persona que lo hace feliz, una idea que considera tan remota pero que siempre suele ser lo que primero pasa. Sin embargo, desconoce que hay fuerzas llamadas rencor, melancolía, orgullo, que en conjunto forman una marea tan alta que se encarga de borrar los bellos recuerdos y oscurece el alma. Claro, depende por dónde hayan caminado, cerca o lejos del mar, donde las olas llegan o más allá de donde mojan.

Un engaño, una mentira o una agresión son como cuando la luna está en su punto y provoca los oleajes más peligrosos, como un toro enfurecido por el hombre que se burla de él, que aparentemente no le teme a la muerte y el animal busca llevarlo a un lugar lleno de dolor y sufrimiento antes de que consiga ir al cielo o al mismísimo infierno. Son tan fuertes las olas que borran cualquier rastro de amor que haya pasado por aquella orilla, ni siquiera una marca ligera de una huella, nada. A veces parece como si un tsunami hubiera pasado por ahí, dejando a su paso basura que le devolvió a la humanidad y destruyendo lo que construyeron.

Hay veces que la marea está tranquila o es muy baja, pero hay hombres y mujeres que les gusta ser arriesgados y caminan más cerca del mar, arriesgándose a que lo vivido se convierta sólo en recuerdos debido a que una ola decidió sólo dejar una simple muestra de su paso por ahí, como una mentira piadosa, pero la marea crece y otra ola golpea su pasado, pues esa mentira piadosa creció y pasó a convertirse en un saco de arena que hay que cargar. Pero el bello paso por la arena quedó borrado, ya no hay rastro alguno.

El mar, quizá deberíamos llamarlo vida o destino, sabe a quién y lo que merecemos, por eso nos da momentos felices pero él será quien decida si los recuerdos se quedan o son modificados por un rencor absoluto que difícilmente impedirá que se borren los momentos lindos que pasaron. Mejor camina alejado del alto oleaje, cuida de tu sirena y tú, sirena, no caigas en las redes de cualquier pescador. Mucho sólo desea devorarte y otros quieren cuidarte para que siga creciendo tu familia y no corras peligro de extinguirte.